<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[El Substack de Carlos]]></title><description><![CDATA[Mi Substack personal]]></description><link>https://preguntasquenosdebemos.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!0d93!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc2a43537-0f37-4caf-a872-24a722800ce7_1122x1122.png</url><title>El Substack de Carlos</title><link>https://preguntasquenosdebemos.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Sun, 09 Aug 2026 02:11:40 GMT</lastBuildDate><atom:link href="https://preguntasquenosdebemos.substack.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Carlos Alfonso Valle Cabello]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[preguntasquenosdebemos@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[preguntasquenosdebemos@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Carlos Alfonso Valle Cabello]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Carlos Alfonso Valle Cabello]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[preguntasquenosdebemos@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[preguntasquenosdebemos@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Carlos Alfonso Valle Cabello]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[Necesitamos espacios sin IA]]></title><description><![CDATA[Durante d&#233;cadas confiamos en que un t&#237;tulo o un examen aprobado demostraban conocimiento. El caso del examen de admisi&#243;n de la UNAM acaba de recordarnos que esa equivalencia se rompi&#243;]]></description><link>https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/necesitamos-espacios-sin-ia</link><guid isPermaLink="false">https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/necesitamos-espacios-sin-ia</guid><dc:creator><![CDATA[Carlos Alfonso Valle Cabello]]></dc:creator><pubDate>Thu, 06 Aug 2026 03:08:12 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/de0d9c6b-1f75-4e01-89a7-cc99cee0aef3_1734x907.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p><span>La crisis del examen de admisi&#243;n de la UNAM no es solamente un problema universitario.</span></p><p><span>Despu&#233;s de aplicar por primera vez completamente en l&#237;nea su concurso de ingreso a licenciatura, la Universidad encontr&#243; resultados at&#237;picos, denuncias e inconformidades que le impidieron tener suficiente certeza sobre la legitimidad del proceso. Su respuesta fue in&#233;dita: convocar a un examen presencial de control.</span></p><p><span>Un detalle deber&#237;a inquietar a cualquier organizaci&#243;n: las irregularidades no las detect&#243; el sistema de vigilancia con inteligencia artificial durante el examen. Las delat&#243; un patr&#243;n estad&#237;stico, semanas despu&#233;s. Si eso le ocurri&#243; a la universidad m&#225;s grande de Am&#233;rica Latina, &#191;qu&#233; tan confiables son las pruebas remotas con las que hoy evaluamos candidatos?</span></p><p><span>M&#225;s all&#225; de las responsabilidades particulares, el caso anticipa una pregunta que pronto alcanzar&#225; tambi&#233;n al mundo laboral:</span></p><p><strong><span>&#191;C&#243;mo sabremos lo que una persona realmente sabe en la era de la inteligencia artificial?</span></strong></p><p><span>Durante mucho tiempo asumimos que una respuesta correcta demostraba conocimiento; que un ensayo bien escrito acreditaba capacidad para redactar; que una tarea resuelta comprobaba comprensi&#243;n.</span></p><p><span>Esa relaci&#243;n nunca fue perfecta. Siempre existi&#243; el plagio, siempre existi&#243; &#8220;El Rinc&#243;n del Vago&#8221;, siempre existi&#243; quien se las ingeniara para hacer trampa... Pero la inteligencia artificial termin&#243; de exhibir la fragilidad de nuestra manera de evaluar a las personas.</span></p><p><span>Hoy alguien puede presentar un texto impecable, una estrategia convincente, una traducci&#243;n precisa o incluso c&#243;digo funcional sin poseer necesariamente las capacidades que ese resultado aparenta demostrar.</span></p><p><span>Por eso, el reto no es prohibir la inteligencia artificial, sino aprender a distinguir entre tres cosas muy diferentes:</span></p><p><span>Aprender con IA.</span></p><p><span>Demostrar que sabemos utilizarla.</span></p><p><span>Y demostrar qu&#233; somos capaces de hacer sin ella.</span></p><p><span>Las tres ser&#225;n necesarias en el futuro profesional.</span></p><p><span>Las empresas necesitar&#225;n personas que sepan aprovechar estas herramientas, pero tambi&#233;n que puedan verificar sus respuestas, detectar errores, reconocer sesgos, explicar sus decisiones y asumir responsabilidad por el resultado. Para hacer todo eso se requieren conocimientos propios, criterio y comprensi&#243;n.</span></p><p><span>Si las instituciones educativas dejan de acreditar esas capacidades con suficiente certeza, el problema no terminar&#225; en las aulas. Llegar&#225; a las organizaciones en forma de t&#237;tulos menos confiables, procesos de selecci&#243;n m&#225;s complejos y profesionales incapaces de reconocer cu&#225;ndo una m&#225;quina se equivoca.</span></p><p><span>Evaluar correctamente exige, antes que nada, declarar con claridad qu&#233; capacidad se est&#225; midiendo y bajo qu&#233; condiciones debe demostrarse.</span></p><p><span>En algunas ocasiones importar&#225; el resultado. En otras, el proceso. Algunas pruebas deber&#225;n permitir la IA y valorar c&#243;mo se utiliz&#243;. Otras necesitar&#225;n conversaciones, ejercicios pr&#225;cticos o momentos sin asistencia tecnol&#243;gica que permitan comprobar comprensi&#243;n, autor&#237;a y razonamiento.</span></p><p><span>Las empresas tambi&#233;n tendr&#225;n que revisar sus m&#233;todos de contrataci&#243;n. Un curr&#237;culum, un portafolio o una prueba realizada desde casa quiz&#225; ya no sean suficientes para conocer las capacidades de una persona.</span></p><p><span>Necesitaremos recuperar espacios de certeza humana.</span></p><p><span>No para regresar al pasado, sino para asegurarnos de que, detr&#225;s de cada herramienta, contin&#250;e existiendo alguien capaz de pensar, decidir y responder por su trabajo.</span></p><p><span>Porque evaluar mejor a los estudiantes no beneficia solamente a las escuelas.</span></p><p><span>Tambi&#233;n protege a las organizaciones que alg&#250;n d&#237;a confiar&#225;n en aquello que esas personas dicen saber.</span></p><p><span>Si te interes&#243; este tema, te invito a ver el &#250;ltimo cap&#237;tulo de </span><em><span>Las preguntas que nos debemos.</span></em></p><div id="youtube2-FzxodkcVSns" class="youtube-wrap" data-attrs="{&quot;videoId&quot;:&quot;FzxodkcVSns&quot;,&quot;startTime&quot;:null,&quot;endTime&quot;:null}" data-component-name="Youtube2ToDOM"><div class="youtube-inner"><iframe src="https://www.youtube-nocookie.com/embed/FzxodkcVSns?rel=0&amp;autoplay=0&amp;showinfo=0&amp;enablejsapi=0" frameborder="0" loading="lazy" gesture="media" allow="autoplay; fullscreen" allowautoplay="true" allowfullscreen="true" width="728" height="409"></iframe></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[¿Quién guarda la memoria de una empresa?]]></title><description><![CDATA[Una empresa puede tener millones de archivos y, aun as&#237;, haber perdido su memoria.]]></description><link>https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/quien-guarda-la-memoria-de-una-empresa</link><guid isPermaLink="false">https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/quien-guarda-la-memoria-de-una-empresa</guid><dc:creator><![CDATA[Carlos Alfonso Valle Cabello]]></dc:creator><pubDate>Thu, 30 Jul 2026 15:37:50 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/dedf118c-c930-4cc4-8e70-7174ddeb3a65_1672x941.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Imagina una empresa con treinta a&#241;os de historia.</p><p>Ha sobrevivido a crisis, cambios de liderazgo, transformaciones tecnol&#243;gicas, fusiones, campa&#241;as exitosas y decisiones que estuvieron a punto de llevarla al fracaso.</p><p>En alg&#250;n lugar existen las fotograf&#237;as de sus primeros a&#241;os, las investigaciones que explican c&#243;mo desarroll&#243; sus productos, los testimonios de quienes la construyeron, las minutas donde se tomaron decisiones fundamentales y los documentos que permitir&#237;an entender por qu&#233; la organizaci&#243;n es como es.</p><p>Pero &#191;en qu&#233; lugar exactamente?</p><p>Una parte est&#225; en Google Drive. Otra, en Dropbox. Los videos viven en una plataforma contratada por el &#225;rea de comunicaci&#243;n. Las conversaciones importantes quedaron en Slack o Teams. Algunos archivos s&#243;lo existen en la computadora de una persona que ya abandon&#243; la compa&#241;&#237;a. Otros permanecen dentro de un sistema que nadie sabe utilizar desde que se fue quien lo administraba.</p><p>La empresa conserva enormes cantidades de informaci&#243;n.</p><p>Eso no significa que conserve su memoria.</p><p>Solemos pensar que la preservaci&#243;n digital es un problema de museos, bibliotecas o gobiernos. Nos preocupa (con raz&#243;n) que el patrimonio de una naci&#243;n dependa de servidores privados, formatos que pueden volverse obsoletos y plataformas cuyas reglas no controla la sociedad.</p><p>Pero las empresas enfrentan un riesgo muy parecido. Su patrimonio tambi&#233;n est&#225; siendo depositado en infraestructuras ajenas, y no est&#225; compuesto &#250;nicamente por fotograf&#237;as antiguas, logotipos o campa&#241;as publicitarias. Incluye conocimiento t&#233;cnico, decisiones estrat&#233;gicas, relaciones con comunidades, aprendizajes acumulados, procesos, testimonios, compromisos p&#250;blicos y evidencias de c&#243;mo respondi&#243; la organizaci&#243;n en sus momentos cr&#237;ticos.</p><p>Ese patrimonio no s&#243;lo cuenta de d&#243;nde viene una empresa. Explica c&#243;mo aprendi&#243; a hacer lo que hace.</p><p><strong>Tener datos no es tener memoria</strong></p><p>Una organizaci&#243;n puede almacenar millones de archivos y, aun as&#237;, ser incapaz de encontrar la versi&#243;n final de un documento, reconstruir por qu&#233; se tom&#243; una decisi&#243;n o identificar qui&#233;n posee el conocimiento necesario para resolver un problema.</p><p>Los archivos permanecen, pero el contexto desaparece.</p><p>Y sin contexto, una minuta es solamente una lista de acuerdos. Una fotograf&#237;a es una imagen sin nombres. Una base de datos es una acumulaci&#243;n de registros. Una presentaci&#243;n explica lo que se decidi&#243;, pero no las alternativas que fueron descartadas ni los riesgos que se intentaban evitar.</p><p>La memoria empresarial no consiste en guardar documentos, sino en preservar las relaciones entre ellos: qui&#233;n los cre&#243;, para qu&#233; serv&#237;an, qu&#233; decisi&#243;n produjeron, qu&#233; se aprendi&#243; y por qu&#233; siguen siendo relevantes.</p><p>Cuando esa memoria se pierde, las consecuencias no llegan como cat&#225;strofe. Llegan como goteo: la organizaci&#243;n repite investigaciones que ya hab&#237;a pagado, vuelve a cometer errores que alguien hab&#237;a documentado, depende demasiado de las pocas personas que concentran conocimiento indispensable, construye relatos institucionales imprecisos y toma decisiones sin recordar por qu&#233; fracas&#243; la estrategia anterior.</p><p>Esto no es una intuici&#243;n. De acuerdo con el estudio de Panopto sobre conocimiento y productividad en el trabajo, el 42% del conocimiento institucional es &#250;nico de cada persona: cuando alguien se va, sus colegas quedan imposibilitados para hacer ese 42% de su trabajo. El mismo estudio calcula que un trabajador promedio pierde 5.3 horas a la semana esperando informaci&#243;n de sus compa&#241;eros o reconstruyendo conocimiento que la organizaci&#243;n ya ten&#237;a.</p><p>Una empresa sin memoria termina pagando varias veces por el mismo aprendizaje.</p><p><strong>La nube no es el problema</strong></p><p>Ser&#237;a absurdo proponer que cada compa&#241;&#237;a construya sus propios centros de datos o deje de utilizar servicios tecnol&#243;gicos externos. La infraestructura privada ofrece seguridad, escalabilidad y capacidades que muchas organizaciones dif&#237;cilmente podr&#237;an desarrollar por s&#237; mismas.</p><p>El riesgo empieza cuando confundimos almacenamiento con preservaci&#243;n, y servicio con propiedad.</p><p>&#191;La empresa puede recuperar todos sus archivos si decide cambiar de proveedor? &#191;Sabe en qu&#233; formatos ser&#225;n entregados? &#191;Conserva copias independientes de la informaci&#243;n cr&#237;tica? &#191;Qui&#233;n controla las cuentas maestras y las llaves de cifrado? &#191;Qu&#233; sucede con los documentos de una persona cuando deja la organizaci&#243;n? &#191;Los respaldos realmente pueden restaurarse o simplemente se supone que funcionan?</p><p>Conservar copias frecuentes, protegidas y probadas no es una precauci&#243;n exagerada. Organismos como CISA insisten en combinar respaldos en distintas ubicaciones y verificar que los datos efectivamente puedan recuperarse. La UNESCO, al hablar del patrimonio documental, advierte adem&#225;s que la obsolescencia tecnol&#243;gica puede volver inaccesibles materiales que t&#233;cnicamente todav&#237;a existen.</p><p>Ambas advertencias sirven tambi&#233;n para el mundo empresarial. Una copia no equivale a preservaci&#243;n: un archivo est&#225; preservado cuando la organizaci&#243;n puede encontrarlo, abrirlo, comprenderlo, verificarlo y recuperarlo.</p><p><strong>La memoria tambi&#233;n es un asunto reputacional</strong></p><p>Hay otra raz&#243;n para que las &#225;reas de comunicaci&#243;n se involucren, y no como invitadas.</p><p>En una crisis, la memoria institucional puede ser el activo decisivo. Una empresa necesita saber qu&#233; prometi&#243;, qu&#233; comunic&#243;, qu&#233; antecedentes existen, qui&#233;nes participaron y c&#243;mo respondi&#243; ante situaciones parecidas. Si esa informaci&#243;n est&#225; dispersa, incompleta o depende de una persona que ya no trabaja ah&#237;, la organizaci&#243;n reaccionar&#225; desde la improvisaci&#243;n.</p><p>Y la improvisaci&#243;n es especialmente peligrosa cuando la sociedad exige explicaciones.</p><p>La memoria permite demostrar continuidad entre lo que una empresa dice y lo que hace. Tambi&#233;n puede revelar contradicciones inc&#243;modas: compromisos abandonados, advertencias ignoradas o versiones del pasado cuidadosamente editadas.</p><p>Por eso preservar no significa construir un museo corporativo dedicado a celebrar a la compa&#241;&#237;a. Una memoria &#250;til debe guardar tambi&#233;n los conflictos, los fracasos y las decisiones equivocadas.</p><p>De otro modo, no estamos preservando la historia de la organizaci&#243;n. Estamos fabricando propaganda para consumo interno.</p><p><strong>La inteligencia artificial necesita una memoria confiable</strong></p><p>Muchas empresas buscan ahora incorporar inteligencia artificial para consultar documentos, automatizar respuestas o convertir sus archivos en conocimiento disponible para todos. La idea es tentadora: que cualquier persona pueda preguntar qu&#233; aprendi&#243; la organizaci&#243;n durante una crisis, c&#243;mo se resolvi&#243; determinado problema o qu&#233; criterios orientaron una decisi&#243;n anterior.</p><p>Pero una IA no puede recuperar la memoria que la empresa nunca organiz&#243;.</p><p>Si los documentos est&#225;n incompletos, duplicados, desactualizados o separados de su contexto, el sistema responder&#225; utilizando una versi&#243;n fragmentada de la historia. Y como suele expresarse con aparente seguridad, puede convertir una laguna documental en una respuesta convincente.</p><p>Antes de preguntarse qu&#233; puede aprender una inteligencia artificial de una empresa, convendr&#237;a preguntar qu&#233; decidi&#243; conservar la propia empresa y con qu&#233; calidad.</p><p>La IA no resuelve el desorden institucional; lo vuelve m&#225;s r&#225;pido, m&#225;s accesible y mucho m&#225;s persuasivo.</p><p>&#191;De qui&#233;n es esta responsabilidad?</p><p>Ser&#237;a un error entregar por completo este problema al &#225;rea de tecnolog&#237;a.</p><p>Tecnolog&#237;a puede proteger la infraestructura. Jur&#237;dico puede definir los plazos de conservaci&#243;n y las obligaciones regulatorias. Recursos Humanos puede ayudar a recuperar conocimiento cuando una persona abandona la empresa. Comunicaci&#243;n puede preservar los relatos, las campa&#241;as y los compromisos p&#250;blicos. Las &#225;reas operativas saben qu&#233; informaci&#243;n explica verdaderamente c&#243;mo funciona la organizaci&#243;n.</p><p>Pero alguien debe articular esas responsabilidades.</p><p>Preservar la memoria empresarial exige decidir qu&#233; merece conservarse, durante cu&#225;nto tiempo, bajo qu&#233; condiciones, con qu&#233; niveles de acceso y qui&#233;n ser&#225; responsable de mantenerlo comprensible.</p><p>Tambi&#233;n exige distinguir entre memoria y acumulaci&#243;n. No todo debe guardarse para siempre: conservar indiscriminadamente aumenta costos, riesgos legales y exposici&#243;n de datos personales. Una pol&#237;tica seria de memoria tambi&#233;n necesita reglas claras para eliminar.</p><p>El desaf&#237;o no es recordarlo todo, sino evitar que decisiones accidentales &#8212;una cuenta cancelada, un contrato vencido, una migraci&#243;n fallida o la salida de un colaborador&#8212; decidan por la organizaci&#243;n qu&#233; parte de su historia sobrevivir&#225;.</p><p><strong>No basta con tener las llaves</strong></p><p>La historia siempre ha necesitado guardianes. Hoy, muchos de esos guardianes son proveedores de nube, plataformas de colaboraci&#243;n, sistemas de gesti&#243;n y empresas tecnol&#243;gicas. Su participaci&#243;n es indispensable y puede mejorar enormemente la seguridad y el acceso.</p><p>El problema comienza cuando confundimos al guardi&#225;n con el due&#241;o.</p><p>Una empresa deber&#237;a saber d&#243;nde vive su memoria, qui&#233;n controla las llaves y c&#243;mo recuperarla si cambian las condiciones. Pero tambi&#233;n tendr&#237;a que hacerse una pregunta m&#225;s profunda: &#191;qui&#233;n decide qu&#233; merece ser recordado?</p><p>Porque el patrimonio de una organizaci&#243;n no pertenece &#250;nicamente a sus accionistas. Parte de &#233;l tambi&#233;n cuenta la historia de sus trabajadores, consumidores y comunidades. En ciertos casos, incluso ayuda a comprender la transformaci&#243;n de una industria o de un pa&#237;s.</p><p>La memoria empresarial no es un caj&#243;n de archivos viejos: es la infraestructura que permite aprender, rendir cuentas y no comenzar de cero con cada cambio de liderazgo.</p><p>Si una empresa desconoce d&#243;nde est&#225; su historia, no puede asegurar que realmente le pertenece.</p><p>Tal vez no est&#225; preservando su memoria.</p><p>Tal vez solamente est&#225; rentando el lugar donde vive.</p><p>Si te interesa este tema te invito a que escuches el &#250;ltimo cap&#237;tulo de Las preguntas que nos debemos.</p><div id="youtube2-OFWal2zSbxw" class="youtube-wrap" data-attrs="{&quot;videoId&quot;:&quot;OFWal2zSbxw&quot;,&quot;startTime&quot;:null,&quot;endTime&quot;:null}" data-component-name="Youtube2ToDOM"><div class="youtube-inner"><iframe src="https://www.youtube-nocookie.com/embed/OFWal2zSbxw?rel=0&amp;autoplay=0&amp;showinfo=0&amp;enablejsapi=0" frameborder="0" loading="lazy" gesture="media" allow="autoplay; fullscreen" allowautoplay="true" allowfullscreen="true" width="728" height="409"></iframe></div></div><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/quien-guarda-la-memoria-de-una-empresa?utm_source=substack&utm_medium=email&utm_content=share&action=share&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Compartir&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/quien-guarda-la-memoria-de-una-empresa?utm_source=substack&utm_medium=email&utm_content=share&action=share"><span>Compartir</span></a></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[¿Tenemos derecho a dejar de ser quienes fuimos?]]></title><description><![CDATA[Internet puede recordar una acusaci&#243;n, una fotograf&#237;a o un error durante a&#241;os. Lo que no siempre recuerda es el contexto, la absoluci&#243;n o cu&#225;nto cambi&#243; una persona.]]></description><link>https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/tenemos-derecho-a-dejar-de-ser-quienes</link><guid isPermaLink="false">https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/tenemos-derecho-a-dejar-de-ser-quienes</guid><dc:creator><![CDATA[Carlos Alfonso Valle Cabello]]></dc:creator><pubDate>Thu, 23 Jul 2026 02:13:51 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/6c72a811-a11b-4050-be8c-a91c9630d860_1731x909.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Alguien escribe tu nombre en Google antes de decidir si te contrata. La entrevista sali&#243; bien, cumples con el perfil, saliste de la sala pensando que podr&#237;as ser la persona elegida. Pero el primer resultado es una nota de hace quince a&#241;os: una deuda que ya pagaste, una acusaci&#243;n de la que fuiste absuelto, un video imprudente, una publicaci&#243;n que escribiste a los diecinueve a&#241;os. Puede ser informaci&#243;n verdadera pero incompleta, o falsa pero viral, o cierta y ya sin ninguna relaci&#243;n con qui&#233;n eres hoy. Quien te busc&#243; no tiene manera de saberlo: no ve el aprendizaje, ni la reparaci&#243;n, ni los a&#241;os de trayectoria que vinieron despu&#233;s.</p><p>Para esa persona, t&#250; eres ese resultado. Internet acaba de presentarte con una versi&#243;n caduca de ti mismo.</p><p>Durante casi toda la historia humana, olvidar fue lo natural. Las conversaciones se perd&#237;an en el aire, las fotograf&#237;as eran escasas y caras, y consultar una nota publicada d&#233;cadas atr&#225;s exig&#237;a ir a una hemeroteca, ubicar el peri&#243;dico correcto y, sobre todo, tener una raz&#243;n para buscarla. Conservar costaba trabajo. Internet invirti&#243; esa ecuaci&#243;n: ahora conservar es autom&#225;tico y olvidar se volvi&#243; la excepci&#243;n.</p><p>Esto no ser&#237;a tan grave si la red guardara historias completas. Pero el archivo digital no est&#225; ordenado por la relevancia de los hechos, sino por lo que sostiene la atenci&#243;n. Despu&#233;s de a&#241;os en medios y en comunicaci&#243;n institucional, puedo decirlo sin met&#225;foras: la acusaci&#243;n viaja a toda velocidad y la aclaraci&#243;n camina&#8230; lento. El esc&#225;ndalo permanece; la absoluci&#243;n se pierde en la cuarta p&#225;gina de resultados, si acaso alguien la public&#243;. Y las consecuencias son concretas: una publicaci&#243;n antigua o un dato sin contexto puede cerrar oportunidades laborales, enfriar relaciones profesionales y convertir un episodio aislado en la definici&#243;n p&#250;blica permanente de una persona.</p><p>De esa asimetr&#237;a nace lo que llamamos derecho al olvido, un nombre que confunde m&#225;s de lo que explica. No se trata necesariamente de borrar una nota ni de destruir un archivo. A veces significa corregir datos falsos o incompletos; a veces, eliminar informaci&#243;n personal que dej&#243; de ser necesaria; y con frecuencia, pedirle a un buscador que deje de asociar autom&#225;ticamente cierto contenido con el nombre de alguien. La distinci&#243;n importa: una cosa es que una noticia siga existiendo en la hemeroteca de un peri&#243;dico, y otra muy distinta que esa noticia funcione, veinte a&#241;os despu&#233;s, como la primera definici&#243;n p&#250;blica de una persona.</p><p>Hasta aqu&#237; la idea resulta sensata. Es f&#225;cil defenderla cuando pensamos en alguien perseguido por un error de juventud, una fotograf&#237;a vergonzosa o una acusaci&#243;n desmentida.</p><p>&#191;Y si quien pide ser olvidado es un pol&#237;tico que quiere enterrar sus antecedentes? &#191;Un empresario vinculado a un fraude? &#191;Un agresor que busca desaparecer los testimonios de sus v&#237;ctimas?</p><p>No toda informaci&#243;n antigua se vuelve injusta con el paso del tiempo, y no todo el que pide ser olvidado busca una segunda oportunidad. Algunos buscan impunidad. Por eso el debate no se resuelve eligiendo entre memoria y olvido. Las preguntas &#250;tiles son otras: &#191;la informaci&#243;n es verdadera y est&#225; completa? &#191;Todav&#237;a protege un inter&#233;s colectivo o solo alimenta el morbo? &#191;Hay v&#237;ctimas o responsabilidades pendientes? &#191;El da&#241;o que provoca su permanencia guarda alguna proporci&#243;n con su utilidad p&#250;blica? Proteger la dignidad de una persona no es lo mismo que fabricarle una reputaci&#243;n, y exigir responsabilidad no es lo mismo que condenar a alguien a ser para siempre quien fue en su peor d&#237;a.</p><p>Esta conversaci&#243;n deber&#237;a incomodar tambi&#233;n a quienes contratamos. He estado de ese lado de la mesa: he formado equipos, he revisado perfiles y he visto c&#243;mo un resultado de b&#250;squeda se cuela en una decisi&#243;n con un peso que no le corresponde. Buscar a alguien en internet antes de contratarlo parece razonable, y lo es. El problema empieza cuando confundimos un resultado con una investigaci&#243;n, y una publicaci&#243;n sin contexto con una sentencia. Google encuentra informaci&#243;n; no la interpreta. Ninguna organizaci&#243;n seria deber&#237;a cerrar una oportunidad profesional a partir de una acusaci&#243;n aislada, una imagen antigua o un contenido cuyo desenlace nadie se tom&#243; la molestia de verificar. Si un dato digital tiene el poder de descartar a una persona, verificarlo deber&#237;a ser una obligaci&#243;n y no una cortes&#237;a.</p><p>Y ahora hay algo que lo vuelve m&#225;s complejo. Durante a&#241;os discutimos c&#243;mo borrar una p&#225;gina o desindexar un enlace, y aun as&#237; el problema era manejable: hab&#237;a una fuente, un responsable, una direcci&#243;n a la cual escribir. &#191;Qu&#233; hacemos cuando nuestros datos ya sirvieron para entrenar un modelo? Aunque se elimine el original, la informaci&#243;n pudo copiarse, alojarse en otras bases o incorporarse a sistemas que no podemos observar. Existe una l&#237;nea de investigaci&#243;n llamada <em>machine unlearning</em>, dedicada a retirar la influencia de ciertos datos de un modelo, pero la pregunta de fondo sigue sin respuesta: &#191;c&#243;mo comprobamos que un sistema realmente olvid&#243;? &#191;Qui&#233;n puede auditarlo? &#191;Y qui&#233;n garantiza que, bajo el argumento de proteger la privacidad, no se elimine tambi&#233;n informaci&#243;n que la sociedad necesita?</p><p>Vuelvo a la escena del principio. Si dentro de unos a&#241;os quien revisa tu perfil no es una persona con un buscador, sino un sistema que resume tu historia en un p&#225;rrafo, &#191;a qui&#233;n le pides la correcci&#243;n?</p><p>Una sociedad necesita memoria. La necesitan las v&#237;ctimas, la justicia, el periodismo y la rendici&#243;n de cuentas. Pero tambi&#233;n necesita dejar espacio para la transformaci&#243;n, porque si cada persona queda condenada a ser para siempre quien fue en su peor momento (o peor a&#250;n, aquello que otros dijeron falsamente que era), cambiar deja de ser una posibilidad humana y se vuelve un privilegio de quienes tuvieron la fortuna de equivocarse antes de internet.</p><p>Quiz&#225; el derecho al olvido no sea el derecho a borrar la historia, sino el derecho a no quedar congelados dentro de ella.</p><p>&#191;Tenemos derecho a dejar de ser quienes fuimos?</p><p>Estas son <em>Las preguntas que nos debemos</em>.</p><p>Puedes escuchar el episodio completo en:</p><div id="youtube2-lP_G_37mhZY" class="youtube-wrap" data-attrs="{&quot;videoId&quot;:&quot;lP_G_37mhZY&quot;,&quot;startTime&quot;:null,&quot;endTime&quot;:null}" data-component-name="Youtube2ToDOM"><div class="youtube-inner"><iframe src="https://www.youtube-nocookie.com/embed/lP_G_37mhZY?rel=0&amp;autoplay=0&amp;showinfo=0&amp;enablejsapi=0" frameborder="0" loading="lazy" gesture="media" allow="autoplay; fullscreen" allowautoplay="true" allowfullscreen="true" width="728" height="409"></iframe></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Desconectarse también es poder]]></title><description><![CDATA[Estar disponible todo el tiempo no te convierte autom&#225;ticamente en la persona m&#225;s valiosa de la oficina. A veces s&#243;lo te convierte en la m&#225;s f&#225;cil de interrumpir.]]></description><link>https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/desconectarse-tambien-es-poder</link><guid isPermaLink="false">https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/desconectarse-tambien-es-poder</guid><dc:creator><![CDATA[Carlos Alfonso Valle Cabello]]></dc:creator><pubDate>Wed, 15 Jul 2026 20:22:40 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/e858ff06-84ce-47ee-aa31-9883d9d4c786_1491x1055.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Durante a&#241;os normalizamos una idea en el mundo del trabajo: los jefes tienen otros horarios. Pueden llegar tarde, ausentarse, dejar de contestar un fin de semana. Mientras tanto, quienes est&#225;n debajo deben permanecer disponibles.</p><p>Nadie lo escribe en un contrato. No hace falta. Las reglas m&#225;s poderosas de una organizaci&#243;n suelen ser las que no est&#225;n escritas, y todos aprendemos r&#225;pido qui&#233;n puede desaparecer sin dar explicaciones y qui&#233;n debe justificar una demora de veinte minutos.</p><p>Que un puesto directivo tenga mejor sueldo, prestaciones y bonos es razonable: las organizaciones necesitan atraer y conservar talento capaz de tomar decisiones complejas. Lo que esa compensaci&#243;n no deber&#237;a incluir es un privilegio adicional: el derecho exclusivo al descanso, y mucho menos cuando ese descanso se sostiene sobre la disponibilidad permanente de quienes tienen menos poder.</p><p>Y en este punto llegamos a una pregunta obligada: &#191;por qu&#233; el descanso o la desconexi&#243;n de una persona tendr&#237;a que pagarse con la disponibilidad permanente de otra?</p><h3>El nuevo lujo laboral</h3><p>Durante mucho tiempo, estar conectado fue se&#241;al de importancia: el celular, la laptop y el correo inmediato representaban movilidad, oportunidades y poder. Hoy vivimos la inversi&#243;n de ese s&#237;mbolo. El verdadero estatus ya no es estar siempre disponible, sino poder desconectarse sin sufrir consecuencias.</p><p>Un alto directivo tiene una estructura que protege su atenci&#243;n: asistentes, filtros, equipos. Para otras personas, en cambio, cada notificaci&#243;n puede sentirse como una evaluaci&#243;n. La freelance teme perder al cliente; el trabajador remoto no quiere que su silencio se interprete como falta de productividad; quien tiene un contrato precario sabe que hay otras diez personas esperando su lugar. Para algunos, un mensaje es una interrupci&#243;n. Para otros, es dinero, reputaci&#243;n o supervivencia.</p><p>Por eso no es suficiente con hablar de &#8220;bienestar digital&#8221; y recomendar apagar las notificaciones. Antes habr&#237;a que preguntar qui&#233;n puede apagarlas sin pagar un precio. Cuanto menos poder tiene una persona sobre su trabajo, sus ingresos y su tiempo, m&#225;s dif&#237;cil le resulta desaparecer.</p><h3>La trampa comienza con una virtud</h3><p>Aunque eso nos ayude a vivir, ser&#237;a demasiado f&#225;cil responsabilizar &#250;nicamente a los jefes y a las empresas. La disponibilidad permanente tambi&#233;n se interioriza. A veces nadie nos exige responder en treinta segundos: somos nosotros quienes convertimos esa velocidad en medida de nuestro valor profesional. Queremos ser responsables, eficientes, confiables. Contestamos el mensaje nocturno, resolvemos el pendiente del domingo, y poco a poco construimos una identidad alrededor de esa disponibilidad: &#8220;siempre responde&#8221;, &#8220;puedes buscarlo a cualquier hora&#8221;.</p><p>El problema aparece cuando el sistema identifica al eslab&#243;n que nunca falla. Ya sabe a qui&#233;n puede interrumpir, a qui&#233;n asignarle la tarea extra, qui&#233;n resolver&#225; el problema cuando nadie m&#225;s conteste. As&#237;, una cualidad profesional termina convertida en un recurso gratuito para la organizaci&#243;n. Estar siempre disponible no nos hace las personas m&#225;s valiosas de la oficina; a veces solo nos hace las m&#225;s f&#225;ciles de interrumpir.</p><h3>La ley puede cambiar. La cultura tambi&#233;n tiene que hacerlo</h3><p>En M&#233;xico, la Ley Federal del Trabajo ya reconoce el derecho a la desconexi&#243;n para quienes laboran bajo la modalidad de teletrabajo. El 3 de marzo de 2026, la C&#225;mara de Diputados aprob&#243; una reforma para extenderlo a todas las personas trabajadoras: la posibilidad de abstenerse de comunicaciones laborales al terminar la jornada, en vacaciones, permisos y licencias, junto con la obligaci&#243;n patronal de contar con pol&#237;ticas internas de desconexi&#243;n. La minuta fue remitida al Senado; la ampliaci&#243;n todav&#237;a no aparece en la versi&#243;n vigente de la ley.</p><p>La reforma es necesaria, pero una ley puede convertirse f&#225;cilmente en letra muerta. Una empresa puede publicar una pol&#237;tica de desconexi&#243;n y seguir premiando informalmente a quienes responden de madrugada. Puede enviar un correo a medianoche con la frase &#8220;no es necesario que respondas ahora&#8221;, aunque todos sepan que contestarlo de inmediato ser&#225; bien visto. Las culturas organizacionales no se definen por lo que afirman sus reglamentos, sino por las conductas que premian y los l&#237;mites que castigan.</p><h3>Continuidad no es disponibilidad infinita</h3><p>Hay trabajos que necesitan operar permanentemente: hospitales, servicios de emergencia, seguridad, oficinas de gobierno, medios de comunicaci&#243;n. Pero continuidad no significa que una sola persona deba estar conectada siempre; significa construir una estructura que permita responder sin destruir a quienes la sostienen: guardias, rotaciones, respaldos, protocolos de escalamiento y descansos compensatorios.</p><p>Cuando una organizaci&#243;n depende de que alguien no duerma ni pueda irse de vacaciones, eso no demuestra la importancia de esa persona: demuestra la fragilidad de la organizaci&#243;n. Con frecuencia, la disponibilidad permanente no es una consecuencia inevitable del trabajo, sino el costo de equipos insuficientes y mala planeaci&#243;n, trasladado a los trabajadores.</p><h3>Romper el ciclo</h3><p>Tambi&#233;n hemos normalizado que quienes alcanzan una posici&#243;n de poder repitan las pr&#225;cticas que padecieron: &#8220;yo tambi&#233;n trabaj&#233; los fines de semana; ahora les toca a los que vienen detr&#225;s&#8221;. Pero haber sufrido una cultura laboral abusiva no justifica perpetuarla. Deber&#237;a producir la reflexi&#243;n contraria: como yo lo viv&#237;, ahora que tengo poder puedo cambiarlo.</p><p>Un buen jefe no es quien desaparece mientras mantiene a todos en alerta, sino quien construye un equipo capaz de descansar sin que todo se derrumbe. El verdadero liderazgo no consiste en usar el poder para proteger &#250;nicamente el tiempo propio, sino en crear condiciones para que los dem&#225;s tambi&#233;n recuperen el suyo.</p><p>Porque el descanso no deber&#237;a ser una recompensa reservada a quienes logran ascender lo suficiente. Y desconectarse no deber&#237;a ser un privilegio: deber&#237;a ser una frontera b&#225;sica entre el trabajo y la vida.</p><p>Este es el tema del cap&#237;tulo m&#225;s reciente del podcast Las preguntas que nos debemos. Te invito a que lo veas o escuches completo aqu&#237;:</p><div id="youtube2-4ChhmzwSJuE" class="youtube-wrap" data-attrs="{&quot;videoId&quot;:&quot;4ChhmzwSJuE&quot;,&quot;startTime&quot;:null,&quot;endTime&quot;:null}" data-component-name="Youtube2ToDOM"><div class="youtube-inner"><iframe src="https://www.youtube-nocookie.com/embed/4ChhmzwSJuE?rel=0&amp;autoplay=0&amp;showinfo=0&amp;enablejsapi=0" frameborder="0" loading="lazy" gesture="media" allow="autoplay; fullscreen" allowautoplay="true" allowfullscreen="true" width="728" height="409"></iframe></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Cuando el mercado quiere gobernar a las universidades]]></title><description><![CDATA[Las carreras de "baja demanda" y las humanidades est&#225;n ante una crisis profunda. &#191;Podr&#225;n salir de ella?]]></description><link>https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/carreras-de-baja-demanda-cuando-el</link><guid isPermaLink="false">https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/carreras-de-baja-demanda-cuando-el</guid><dc:creator><![CDATA[Carlos Alfonso Valle Cabello]]></dc:creator><pubDate>Thu, 09 Jul 2026 00:44:42 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/625b7e75-9ee9-493c-8a0e-e3fe6174bcfe_1491x1055.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En la convocatoria m&#225;s reciente de admisi&#243;n a licenciatura de la UNAM apareci&#243; una leyenda que pas&#243; casi inadvertida: la apertura de ciertas carreras de &#8220;baja demanda&#8221; quedar&#237;a condicionada al n&#250;mero de aspirantes registrados. Le&#237;da con prisa, parece una medida administrativa sensata. Le&#237;da con calma, obliga a plantear una pregunta que la educaci&#243;n superior lleva a&#241;os esquivando: &#191;debe la universidad formar &#250;nicamente los perfiles que el mercado pide hoy, o tambi&#233;n a quienes podr&#225;n cuestionar lo que el mercado pedir&#225; ma&#241;ana?</p><p>Antes de responder, conviene reconocer lo que hay de leg&#237;timo en la presi&#243;n del mercado. Una familia que paga colegiaturas tiene derecho a preguntarse si esa inversi&#243;n tendr&#225; futuro. Un estudiante que dedica cinco a&#241;os de su vida a una carrera tiene derecho a saber si podr&#225; vivir de ella. Y una sociedad que destina recursos p&#250;blicos a la educaci&#243;n tiene derecho a esperar oportunidades reales a cambio. La preocupaci&#243;n por la empleabilidad no es una frivolidad: es una exigencia razonable.</p><p>El problema aparece cuando esa exigencia se convierte en el &#250;nico criterio. Si el valor de un conocimiento se mide exclusivamente por el salario que promete o por la fila de aspirantes que atrae, la universidad termina operando como una empresa que retira del men&#250; lo que se vende poco. Y una universidad no administra productos intercambiables: administra memoria, lenguas, investigaci&#243;n, formaci&#243;n ciudadana. Hay disciplinas que probablemente nunca reunir&#225;n miles de aspirantes, como lenguas originarias, filosof&#237;a, estudios interculturales, historia, pedagog&#237;a&#8230; y que aun as&#237; sostienen dimensiones fundamentales de la vida colectiva. Una lengua no deja de importar porque tenga pocos hablantes, y una carrera no deber&#237;a dejar de existir solo porque tiene pocos inscritos.</p><p>Nada de esto implica menospreciar los perfiles t&#233;cnicos; los necesitamos m&#225;s que nunca. Pero justamente la inteligencia artificial est&#225; dejando en evidencia algo que el discurso de la empleabilidad suele pasar por alto: los problemas tecnol&#243;gicos m&#225;s dif&#237;ciles ya no son t&#233;cnicos, son humanos. Decidir qu&#233; se automatiza y qu&#233; no, entender c&#243;mo un algoritmo reproduce sesgos, anticipar el impacto de un producto en comunidades concretas... nada de eso se resuelve con m&#225;s capacidad de c&#243;mputo.</p><p>El mundo empresarial ofrece ejemplos de sobra: una compa&#241;&#237;a puede tener al mejor equipo de datos y fracasar por no entender el contexto social de sus decisiones; puede lanzar una tecnolog&#237;a brillante y perder la confianza de sus usuarios en semanas; puede automatizar procesos con enorme eficiencia y, en el camino, profundizar desigualdades que despu&#233;s le estallan como crisis reputacional. Muchas de esas crisis no ocurren por falta de talento t&#233;cnico, sino porque nadie hizo la pregunta humana a tiempo.</p><p>Ah&#237; es donde los perfiles humanistas dejan de ser un lujo cultural y se convierten en una decisi&#243;n estrat&#233;gica. Un antrop&#243;logo que entiende c&#243;mo una tecnolog&#237;a aterriza en comunidades reales, un fil&#243;sofo capaz de estructurar un dilema &#233;tico antes de que se convierta en esc&#225;ndalo, un comunicador que traduce complejidad y construye confianza: ninguno de ellos escribe c&#243;digo, pero cualquiera de ellos puede evitar que el c&#243;digo cause da&#241;o. Las organizaciones que ya lo entendieron no contratan humanistas por caridad; los contratan porque prevenir cuesta menos que reparar.</p><p>Por eso la discusi&#243;n que abri&#243; la UNAM no es un asunto interno de la universidad. Si la educaci&#243;n superior se rinde por completo a la l&#243;gica de la demanda, quiz&#225; produzca profesionales mejor adaptados al presente, pero dejar&#225; de formar a quienes pueden cuestionarlo. Una sociedad que solo ense&#241;a lo que produce dinero puede volverse m&#225;s eficiente sin volverse m&#225;s l&#250;cida.</p><p>El dilema, en el fondo, es falso: no hay que elegir entre t&#233;cnica y humanidades. Hay que formar t&#233;cnicos con criterio humano y humanistas capaces de dialogar con la tecnolog&#237;a y con los problemas reales del mundo. Una universidad que renuncia a cualquiera de las dos mitades est&#225; formando personas incompletas. Y las decisiones incompletas, tarde o temprano, las pagamos todos.</p><p>Este fue el tema m&#225;s reciente de mi podcast semanal Las preguntas que nos debemos. Si te gust&#243; el tema te invito a que lo escuches aqu&#237;&#8230;</p><div id="youtube2-5EB7vtigeww" class="youtube-wrap" data-attrs="{&quot;videoId&quot;:&quot;5EB7vtigeww&quot;,&quot;startTime&quot;:null,&quot;endTime&quot;:null}" data-component-name="Youtube2ToDOM"><div class="youtube-inner"><iframe src="https://www.youtube-nocookie.com/embed/5EB7vtigeww?rel=0&amp;autoplay=0&amp;showinfo=0&amp;enablejsapi=0" frameborder="0" loading="lazy" gesture="media" allow="autoplay; fullscreen" allowautoplay="true" allowfullscreen="true" width="728" height="409"></iframe></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Ser creador de contenido: ¿sueño o trampa?]]></title><description><![CDATA[Durante a&#241;os, el trabajo ideal se parec&#237;a a la estabilidad: sueldo fijo, prestaciones, una oficina, crecimiento predecible.]]></description><link>https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/ser-creador-de-contenido-sueno-o</link><guid isPermaLink="false">https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/ser-creador-de-contenido-sueno-o</guid><dc:creator><![CDATA[Carlos Alfonso Valle Cabello]]></dc:creator><pubDate>Thu, 02 Jul 2026 04:42:25 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/978f6621-b4cc-44b0-833b-a922d66fc77d_1491x1055.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Durante a&#241;os, el trabajo ideal se parec&#237;a a la estabilidad: sueldo fijo, prestaciones, una oficina, crecimiento predecible. Para buena parte de las nuevas generaciones ese sue&#241;o ya cambi&#243;, y el nuevo imaginario laboral no es tener una oficina, sino una audiencia.</p><p>Y se entiende. Ser creador de contenido parece tenerlo todo: autonom&#237;a, horarios flexibles, hablar de lo que te apasiona, construir comunidad y, en algunos casos, vivir muy bien de eso. Nada de jefes, nada de pedir permiso, nada de depender de una empresa. Es una aspiraci&#243;n leg&#237;tima, incluso hermosa.</p><p>Pero tiene letras chiquitas. Quiz&#225; ya no tienes un jefe tradicional, pero tienes una plataforma con sus m&#233;tricas, marcas que esperan resultados, un algoritmo que cambia las reglas sin avisar y la presi&#243;n constante de seguir siendo visible. Ese nuevo jefe no manda correos ni convoca juntas, pero decide algo mucho m&#225;s serio: si existes o desapareces del radar.</p><p>La creaci&#243;n de contenido promete libertad y muchas veces entrega disponibilidad permanente. Publicar, medir, responder, adaptar, editar, volver a publicar. Convertir cada idea en video, clip, historia, carrusel o newsletter.</p><p>Y esta l&#243;gica ya no aplica solo a los creadores. Cada vez m&#225;s profesionales sienten que, adem&#225;s de hacer bien su trabajo, tienen que hacerlo visible: narrar su experiencia, demostrar en p&#250;blico lo que saben, convertir cada proyecto y cada aprendizaje en contenido. La visibilidad se volvi&#243; una segunda jornada laboral.</p><p>Ah&#237; est&#225; el riesgo. Construir presencia profesional con estrategia y autenticidad es una cosa; sentir que si no publicas no existes, o que si no opinas r&#225;pido llegaste tarde, es otra muy distinta. Crear puede ser una forma poderosa de ense&#241;ar, compartir y abrir conversaciones. El problema empieza cuando la creaci&#243;n deja de ser expresi&#243;n y se vuelve l&#237;nea de producci&#243;n, cuando las m&#233;tricas pasan de ser informaci&#243;n a veredicto personal, cuando descansar se empieza a sentir como desaparecer.</p><p>Quiz&#225; la pregunta de esta &#233;poca no es c&#243;mo construir una marca personal, sino c&#243;mo tener presencia digital sin convertirnos en un producto de tiempo completo. Porque el &#233;xito real no es estar siempre visible: es poder crear, trabajar y crecer sin perder el sentido, la salud ni la paz en el camino.</p><p>Este fue el tema m&#225;s reciente de mi podcast Las preguntas que nos debemos.</p><div id="youtube2-cQWtnxaHyOk" class="youtube-wrap" data-attrs="{&quot;videoId&quot;:&quot;cQWtnxaHyOk&quot;,&quot;startTime&quot;:null,&quot;endTime&quot;:null}" data-component-name="Youtube2ToDOM"><div class="youtube-inner"><iframe src="https://www.youtube-nocookie.com/embed/cQWtnxaHyOk?rel=0&amp;autoplay=0&amp;showinfo=0&amp;enablejsapi=0" frameborder="0" loading="lazy" gesture="media" allow="autoplay; fullscreen" allowautoplay="true" allowfullscreen="true" width="728" height="409"></iframe></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El precio de pertenecer]]></title><description><![CDATA[Cuando el mercado encarece la fiesta y el poder la regala]]></description><link>https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/el-precio-de-pertenecer</link><guid isPermaLink="false">https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/el-precio-de-pertenecer</guid><dc:creator><![CDATA[Carlos Alfonso Valle Cabello]]></dc:creator><pubDate>Fri, 26 Jun 2026 04:32:22 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/44193f3b-4e86-479f-a781-bd5e3d7f1f6a_1448x1086.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p><span>&#191;Cu&#225;ndo fue la &#250;ltima vez que intentaste comprar un boleto para un concierto?</span></p><p><span>No para una experiencia VIP. Solamente un boleto normal.</span></p><p><span>Probablemente tuviste que entrar a una preventa bancaria, esperar frente a una fila virtual que nadie entiende del todo y aceptar cargos y comisiones que elevaban el precio original en un 20 o 30 por ciento.</span></p><p><span>Y ya sabemos que no hay tiempo para dudas, porque siempre alguien m&#225;s lo comprar&#225;, sin importar lo que cueste.</span></p><p><span>Ir a un concierto siempre ha costado dinero. Viajar para ver un partido de futbol tambi&#233;n. Nada de esto es completamente nuevo.</span></p><p><span>Pero algo cambi&#243;.</span></p><p><span>Las experiencias que durante d&#233;cadas fueron celebraciones colectivas se est&#225;n convirtiendo en productos de lujo. Y poco a poco estamos normalizando una idea extra&#241;a: que para formar parte de aquello que nos emociona, que nos une o que nos hace sentir parte de algo, debemos pagar cada vez m&#225;s.</span></p><p><span>La pertenencia se est&#225; convirtiendo en mercanc&#237;a.</span></p><p><strong><span>Cuando estar ah&#237; todav&#237;a parec&#237;a posible</span></strong></p><p><span>Hay algo que una pantalla no puede reproducir del todo: la sensaci&#243;n de estar ah&#237;.</span></p><p><span>Cantar con miles de personas. Celebrar un gol con desconocidos. Compartir una emoci&#243;n que dura apenas unas horas, pero se convierte en recuerdo que atesoras.</span></p><p><span>Durante d&#233;cadas, asistir a ciertos espect&#225;culos fue mucho m&#225;s que consumir entretenimiento. Era un ritual.</span></p><p><span>Un adolescente ahorraba durante meses para ver a su banda favorita. Una familia hac&#237;a un guardadito para llevar a sus hijos al estadio. Un aficionado realizaba un desembolso importante para ver a su selecci&#243;n nacional.</span></p><p><span>No es que fuera barato. Pero todav&#237;a parec&#237;a posible. Alcanzable.</span></p><p><span>La m&#250;sica y el futbol ten&#237;an algo profundamente popular. No pertenec&#237;an &#250;nicamente a quienes ten&#237;an m&#225;s dinero. Tambi&#233;n pertenec&#237;an a quienes hac&#237;an filas, compraban el boleto m&#225;s econ&#243;mico, llegaban temprano y cantaban hasta quedarse sin voz.</span></p><p><span>Porque un estadio lleno de ejecutivos, celebridades, invitados corporativos, influencers, y gente de muchos recursos pero que no son fan&#225;ticos, puede ser muy rentable, pero no necesariamente tiene alma.</span></p><p><strong><span>La industria entendi&#243; nuestra necesidad de volver a encontrarnos</span></strong></p><p><span>La pandemia modific&#243; nuestra relaci&#243;n con los eventos masivos.</span></p><p><span>Despu&#233;s de meses de aislamiento, descubrimos cu&#225;nto necesit&#225;bamos reunirnos nuevamente. Quer&#237;amos salir. Ver gente. Escuchar m&#250;sica en vivo. Viajar. Bailar. Gritar. Comprobar que el mundo segu&#237;a ah&#237;.</span></p><p><span>Despu&#233;s del encierro, estar presentes adquiri&#243; un valor emocional mayor.</span></p><p><span>Y la industria lo entendi&#243; perfectamente.</span></p><p><span>La demanda se dispar&#243;. A ello se sumaron otros factores: el cambio en el modelo econ&#243;mico de la m&#250;sica, el incremento de los costos de producci&#243;n, la concentraci&#243;n del mercado, las comisiones, la reventa, las preventas bancarias, los paquetes exclusivos y los precios din&#225;micos.</span></p><p><span>Durante mucho tiempo, una gira ayudaba a promocionar la venta de discos. Ahora, para muchos artistas, la gira es el negocio.</span></p><p><span>Y cuando la demanda es inmensa, aparece la pregunta:</span></p><p><span>&#191;Cu&#225;nto estamos dispuestos a pagar?</span></p><p><strong><span>El algoritmo tambi&#233;n conoce el valor de la nostalgia</span></strong></p><p><span>En algunos mercados, los precios de los boletos pueden cambiar conforme aumenta la demanda. Funciona de una manera parecida a las tarifas din&#225;micas de las plataformas de transporte privado: si muchas personas quieren comprar al mismo tiempo, el costo sube.</span></p><p><span>El algoritmo detecta cu&#225;nto estamos dispuestos a pagar. Y ajusta el precio. Desde una l&#243;gica comercial, parece razonable. Si miles de personas est&#225;n dispuestas a desembolsar m&#225;s dinero, alguien intentar&#225; capturar ese valor.</span></p><p><span>Pero no estamos hablando de cualquier compra. Estamos hablando de la posibilidad de ver quiz&#225; por &#250;ltima vez a un artista que marc&#243; nuestra juventud. De llevar a nuestros hijos al estadio. De acompa&#241;ar a una banda que esperamos durante a&#241;os. De formar parte de un acontecimiento irrepetible.</span></p><p><span>El sistema no solamente mide demanda. Tambi&#233;n mide nostalgia. Ansiedad. Impulsividad. Miedo a quedarse fuera.</span></p><p><span>El algoritmo quiz&#225; no conoce nuestros recuerdos. Pero sabe cu&#225;nto pueden valer.</span></p><p><strong><span>Ya no basta con ser fan</span></strong></p><p><span>En M&#233;xico hemos normalizado otra condici&#243;n peculiar: para tener una oportunidad razonable de comprar boletos, muchas veces necesitamos la tarjeta bancaria correcta.</span></p><p><span>La preventa se convirti&#243; en un filtro. Antes de competir por un asiento, tenemos que demostrar que pertenecemos a cierto segmento financiero.</span></p><p><span>No basta con ser fan. Necesitamos haber elegido el banco adecuado.</span></p><p><span>La m&#250;sica, el futbol y la cultura popular tambi&#233;n se convirtieron en herramientas de fidelizaci&#243;n bancaria. Y el sistema sabe algo importante: muchas personas est&#225;n dispuestas a endeudarse por la posibilidad de pertenecer.</span></p><p><strong><span>La fiesta tambi&#233;n tiene p&#250;blico objetivo</span></strong></p><p><span>Existe otra transformaci&#243;n menos evidente. Durante d&#233;cadas, los patrocinadores naturales de los grandes espect&#225;culos populares eran marcas de consumo masivo: refrescos, cervezas, botanas, telefon&#237;a. Eso no ha desaparecido. Pero alrededor de los grandes eventos tambi&#233;n vemos autom&#243;viles de lujo, relojes, servicios financieros exclusivos, zonas de hospitalidad y experiencias premium dise&#241;adas para consumidores con mayor poder adquisitivo.</span></p><p><span>Y este s&#237;ntoma no es menor. De hecho, es muy revelador.</span></p><p><span>Las marcas no patrocinan un espect&#225;culo &#250;nicamente porque haya mucha gente. Tambi&#233;n les importa qu&#233; tipo de gente est&#225; ah&#237;. &#191;Qu&#233; consume, cu&#225;nto puede gastar, qu&#233; estilo de vida representa, qu&#233; desea proyectar?</span></p><p><span>Y entonces aparece una pregunta dif&#237;cil de responder, pero necesaria:</span></p><p><span>&#191;Qu&#233; ocurri&#243; primero?</span></p><p><span>&#191;Los grandes espect&#225;culos se volvieron tan caros que comenzaron a atraer a p&#250;blicos de mayor poder adquisitivo y las marcas premium detectaron una oportunidad?</span></p><p><span>&#191;O la creciente presencia de esas marcas tambi&#233;n contribuye a dise&#241;ar experiencias cada vez m&#225;s exclusivas, m&#225;s segmentadas y menos populares?</span></p><p><span>Probablemente ambas cosas se retroalimentan.</span></p><p><span>Porque cuando un evento deja de vender solamente un boleto y empieza a vender privilegio, acceso preferente, estacionamiento reservado, zonas VIP y una experiencia aspiracional, tambi&#233;n cambia la idea de qui&#233;n es el p&#250;blico deseable.</span></p><p><span>El fan&#225;tico sigue siendo necesario. Pero ya no siempre es el centro de la experiencia.</span></p><p><strong><span>El Mundial de los que pueden pagarlo</span></strong></p><p><span>El Mundial de futbol de 2026 muestra con claridad esa transformaci&#243;n.</span></p><p><span>Durante d&#233;cadas, la Copa del Mundo fue uno de los rituales colectivos m&#225;s poderosos del planeta.</span></p><p><span>No solamente por lo que ocurr&#237;a dentro de la cancha.</span></p><p><span>Tambi&#233;n por lo que pasaba alrededor: familias frente a la televisi&#243;n, oficinas detenidas durante noventa minutos, calles vac&#237;as, plazas llenas, banderas, recuerdos y conversaciones compartidas.</span></p><p><span>El futbol fue hist&#243;ricamente un deporte popular. Y s&#237;, siempre fue un negocio. Pero todav&#237;a parec&#237;a que algo nos pertenec&#237;a a todos.</span></p><p><span>Este Mundial amenaza con romper esa ficci&#243;n.</span></p><p><span>Los verdaderos aficionados compiten ahora contra compradores corporativos, turistas de alto poder adquisitivo, plataformas de reventa y algoritmos que miden cu&#225;nto pueden pagar.</span></p><p><span>La pasi&#243;n no tiene ninguna ventaja frente a una tarjeta de cr&#233;dito. Un Mundial puede ser un &#233;xito financiero y, al mismo tiempo, un fracaso simb&#243;lico. Porque un estadio lleno de personas con dinero no necesariamente es un estadio lleno de futbol.</span></p><p><strong><span>Cuando el poder devuelve la fiesta</span></strong></p><p><span>Pero hay otro tema espinoso en relaci&#243;n con este fen&#243;meno:</span></p><p><span>Cuando el mercado encarece las experiencias colectivas hasta volverlas inaccesibles para buena parte de la poblaci&#243;n, el gobierno puede ocupar ese espacio.</span></p><p><span>En la Ciudad de M&#233;xico existe una larga tradici&#243;n de conciertos gratuitos en el Z&#243;calo. Esto no es necesariamente negativo.</span></p><p><span>Una familia que no puede pagar cuatro boletos para un espect&#225;culo tambi&#233;n tiene derecho a disfrutar una experiencia colectiva. No todo debe quedar reservado para quien tiene mayor poder adquisitivo.</span></p><p><span>Pero ser&#237;a ingenuo pensar que estas decisiones son pol&#237;ticamente neutras. Los gobiernos tambi&#233;n entienden el valor de la emoci&#243;n compartida. Saben lo que significa reunir a miles de personas en una plaza p&#250;blica. Saben que un concierto produce alegr&#237;a, gratitud, pertenencia y una narrativa poderosa: frente a un mercado que excluye, el gobierno aparece como quien devuelve la fiesta al pueblo.</span></p><p><span>No se trata de utilizar la expresi&#243;n &#8220;pan y circo&#8221; como un insulto contra quienes asisten. La gente tiene derecho a cantar, bailar y ocupar el espacio p&#250;blico.</span></p><p><span>Pero tampoco podemos olvidar que el entretenimiento ha sido utilizado hist&#243;ricamente como una herramienta de legitimidad pol&#237;tica.</span></p><p><span>La pregunta es qu&#233; ocurre cuando la fiesta colectiva tambi&#233;n se convierte en una forma de administrar el &#225;nimo social.</span></p><p><span>Cuando el mercado dice: &#8220;si puedes pagarlo, entra&#8221;.</span></p><p><span>Y el poder responde: &#8220;yo s&#237; te dejo pasar&#8221;.</span></p><p><strong><span>&#191;De qui&#233;n es la fiesta?</span></strong></p><p><span>Quiz&#225; el problema de fondo no sea &#250;nicamente el precio de los boletos.</span></p><p><span>El problema es que permitimos que nuestras experiencias compartidas quedaran atrapadas entre dos l&#243;gicas.</span></p><p><span>De un lado, el mercado.</span></p><p><span>Del otro, el poder.</span></p><p><span>Uno encarece la pertenencia.</span></p><p><span>El otro puede regalarla.</span></p><p><span>Pero ambos entienden lo mismo: necesitamos sentirnos parte de algo.</span></p><p><span>Necesitamos reunirnos. Emocionarnos. Cantar juntos. Celebrar. Mirar alrededor y comprobar que no estamos solos.</span></p><p><span>Es profundamente humano. Y justamente por eso tiene tanto valor econ&#243;mico y pol&#237;tico.</span></p><p><span>Entonces&#8230;</span></p><p><span>&#191;De qui&#233;n es la fiesta?</span></p><p><span>&#191;De las marcas?<br>&#191;De las promotoras?<br>&#191;De los bancos?<br>&#191;De la FIFA?<br>&#191;De los gobiernos?<br>&#191;De quienes pueden pagarla?</span></p><p><span>&#191;O todav&#237;a queda algo que nos pertenece a todos?</span></p><p><span>El aplauso sigue siendo gratuito mientras que el acceso a la experiencia, cada vez cuesta m&#225;s.</span></p><p><span>Y tal vez, cuando dejamos fuera a quienes daban sentido a la fiesta, no solamente perdemos un asiento en el estadio.</span></p><p><span>Perdemos una parte de aquello que nos hac&#237;a sentir juntos.</span></p><p><span>Te invito a escuchar completo este tema:</span></p><div id="youtube2-EQHmb7m9a9o" class="youtube-wrap" data-attrs="{&quot;videoId&quot;:&quot;EQHmb7m9a9o&quot;,&quot;startTime&quot;:null,&quot;endTime&quot;:null}" data-component-name="Youtube2ToDOM"><div class="youtube-inner"><iframe src="https://www.youtube-nocookie.com/embed/EQHmb7m9a9o?rel=0&amp;autoplay=0&amp;showinfo=0&amp;enablejsapi=0" frameborder="0" loading="lazy" gesture="media" allow="autoplay; fullscreen" allowautoplay="true" allowfullscreen="true" width="728" height="409"></iframe></div></div><iframe class="spotify-wrap podcast" data-attrs="{&quot;image&quot;:&quot;https://i.scdn.co/image/ab6765630000ba8ace0e5de6ed8096d3025c8e00&quot;,&quot;title&quot;:&quot;El precio de pertenecer&quot;,&quot;subtitle&quot;:&quot;Carlos Valle Cabello&quot;,&quot;description&quot;:&quot;Episode&quot;,&quot;url&quot;:&quot;https://open.spotify.com/episode/18FEyQQJTDaAn5WGGvf728&quot;,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;noScroll&quot;:false}" src="https://open.spotify.com/embed/episode/18FEyQQJTDaAn5WGGvf728" frameborder="0" gesture="media" allowfullscreen="true" allow="encrypted-media" loading="lazy" data-component-name="Spotify2ToDOM"></iframe>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La inteligencia artificial ya no solo está entrando a nuestro trabajo. También está entrando a nuestra vida emocional]]></title><description><![CDATA[En LinkedIn se habla mucho del abuso de la IA para todo lo relacionado con el mundo laboral, pero poco se habla de su uso en el ecosistema emocional]]></description><link>https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/la-inteligencia-artificial-ya-no</link><guid isPermaLink="false">https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/la-inteligencia-artificial-ya-no</guid><dc:creator><![CDATA[Carlos Alfonso Valle Cabello]]></dc:creator><pubDate>Thu, 25 Jun 2026 19:25:36 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/99eb106f-e26f-455b-bb6f-c60717478021_1448x1086.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p><span>En LinkedIn se habla mucho del abuso de la inteligencia artificial.</span></p><p><span>Nos quejamos (de manera muy justificada) de los art&#237;culos que suenan id&#233;nticos, de los comentarios gen&#233;ricos, de las im&#225;genes artificiales, de los curr&#237;culums inflados, de las publicaciones llenas de frases aparentemente profundas que no dicen demasiado, y obvio de los procesos de reclutamiento mediados por IA.</span></p><p><span>Nos preocupa que la IA est&#233; sustituyendo la creatividad, la autenticidad, el pensamiento propio y la justicia en las contrataciones.</span></p><p><span>Pero mientras discutimos si alguien escribi&#243; personalmente su publicaci&#243;n o utiliz&#243; ChatGPT para mejorar su curr&#237;culum, la inteligencia artificial ya est&#225; entrando en un territorio mucho m&#225;s &#237;ntimo.</span></p><p><span>No solo est&#225; participando en lo que producimos. Tambi&#233;n est&#225; empezando a intervenir en c&#243;mo procesamos lo que sentimos.</span></p><p><span>Cada vez m&#225;s personas recurren a chatbots para hablar de ansiedad, tristeza, soledad, duelo, culpa, rupturas o crisis de sentido. Algunas los usan para recibir una primera orientaci&#243;n. Algunas incluso les piden que respondan como terapeutas, gu&#237;as espirituales o figuras religiosas.</span></p><p><span>Esto ya no es una rareza tecnol&#243;gica. Es un fen&#243;meno sociocultural mundial.</span></p><p><span>Un estudio publicado en junio de 2026 en </span><em><span>JAMA Pediatrics</span></em><span> encontr&#243; que casi uno de cada cinco adolescentes y j&#243;venes de entre 12 y 21 a&#241;os en Estados Unidos hab&#237;a utilizado chatbots para pedir consejos relacionados con su salud mental.</span></p><p><span>M&#225;s del 90 por ciento consider&#243; que las respuestas hab&#237;an sido algo o muy &#250;tiles.</span></p><p><span>Y casi dos terceras partes no se lo contaron a nadie. Ni a sus padres. Ni a un amigo. Ni a un terapeuta.</span></p><p><span>Mientras discut&#237;amos si la IA estaba escribiendo demasiados correos, millones de personas comenzaron a utilizarla para hablar de sus heridas.</span></p><p><strong><span>&#191;Por qu&#233; resulta tan atractiva?</span></strong></p><p><span>La respuesta no es dif&#237;cil de imaginar.</span></p><p><span>La IA est&#225; disponible a cualquier hora.</span></p><p><span>No se cansa.</span></p><p><span>No interrumpe.</span></p><p><span>No pone mala cara.</span></p><p><span>No dice: &#8220;ya sup&#233;ralo&#8221;.</span></p><p><span>Y, por lo menos en apariencia, no juzga.</span></p><p><span>En una sociedad donde muchas personas se sienten solas, agotadas o desconectadas, esa disponibilidad puede sentirse como compa&#241;&#237;a.</span></p><p><span>Adem&#225;s, puede ser &#250;til.</span></p><p><span>Un chatbot puede ayudarnos a ordenar pensamientos confusos, identificar emociones, preparar una conversaci&#243;n dif&#237;cil, formular una pregunta o reconocer que necesitamos ayuda profesional. El problema comienza cuando confundimos una respuesta convincente con una presencia, una simulaci&#243;n de empat&#237;a con una relaci&#243;n o una herramienta con una autoridad.</span></p><p><span>Porque responder y acompa&#241;ar no son lo mismo.</span></p><p><span>Responder implica producir palabras adecuadas. Acompa&#241;ar implica presencia, v&#237;nculo, responsabilidad, historia y compromiso.</span></p><p><span>Una inteligencia artificial puede escribir &#8220;estoy contigo&#8221;. Pero no est&#225;. No en el sentido humano de estar.</span></p><p><span>Puede generar lenguaje terap&#233;utico. Eso no la convierte en terapeuta.</span></p><p><span>Puede utilizar lenguaje espiritual. Eso no la convierte en gu&#237;a espiritual.</span></p><p><strong><span>Cuando la mayor virtud se convierte en riesgo</span></strong></p><p><span>Una de las caracter&#237;sticas que hacen tan atractiva a la IA es su capacidad para adaptarse a nosotros: aprende nuestro tono, sigue nuestra conversaci&#243;n, utiliza nuestras palabras.</span></p><p><span>Pero esa capacidad tambi&#233;n puede ser peligrosa.</span></p><p><span>Una relaci&#243;n humana real no solo nos valida. Tambi&#233;n nos confronta. Un terapeuta puede hacernos una pregunta que nos incomode. Un amigo puede decirnos: &#8220;creo que no est&#225;s viendo algo&#8221;. Un colega puede advertirnos que estamos tomando una mala decisi&#243;n.</span></p><p><span>La IA, en cambio, puede caer en la complacencia. Puede reforzar nuestras interpretaciones, evitar la fricci&#243;n y decirnos aquello que mantiene viva la conversaci&#243;n.</span></p><p><span>OpenAI reconoci&#243; p&#250;blicamente en 2025 que una actualizaci&#243;n de uno de sus modelos lo hab&#237;a vuelto demasiado adulador y dispuesto a agradar. La empresa explic&#243; que ese comportamiento pod&#237;a validar dudas, alimentar emociones negativas o impulsar decisiones impulsivas.</span></p><p><span>Una IA demasiado complaciente puede decirnos exactamente lo que queremos escuchar. Pero no siempre lo que necesitamos escuchar.</span></p><p><span>Y esto se vuelve especialmente delicado cuando no hablamos de productividad, sino de duelo, depresi&#243;n, culpa, soledad o desesperaci&#243;n.</span></p><p><span>Para muchas personas puede parecer absurdo que alguien confunda a un chatbot con una autoridad real o espiritual.</span></p><p><span>Pero el problema no surge en condiciones ideales. Surge cuando una persona atraviesa una crisis, cuando perdi&#243; a alguien, cuando se qued&#243; sin trabajo, cuando termin&#243; una relaci&#243;n, cuando lleva meses sinti&#233;ndose sola.</span></p><p><span>Cuando necesita desesperadamente creer que detr&#225;s de su dolor existe una explicaci&#243;n, una se&#241;al o un prop&#243;sito.</span></p><p><span>Y justo entonces aparece una voz artificial disponible las 24 horas, que habla con seguridad, ternura y paciencia, y que parece comprender exactamente lo que esa persona est&#225; viviendo.</span></p><p><span>El mayor riesgo es la combinaci&#243;n entre una profunda vulnerabilidad humana y una voz artificial extraordinariamente seductora.</span></p><p><strong><span>De la productividad al ecosistema emocional</span></strong></p><p><span>Durante los &#250;ltimos a&#241;os, la conversaci&#243;n corporativa sobre inteligencia artificial se ha concentrado en productividad.</span></p><p><span>&#191;Cu&#225;nto tiempo podemos ahorrar?</span></p><p><span>&#191;Cu&#225;ntas tareas podemos automatizar?</span></p><p><span>&#191;Cu&#225;ntos contenidos podemos producir?</span></p><p><span>Pero existe otra conversaci&#243;n que las organizaciones y los l&#237;deres no deber&#237;an ignorar. La IA ya forma parte del ecosistema emocional de las personas.</span></p><p><span>Eso incluye a trabajadores que utilizan chatbots para procesar frustraciones laborales, preparar conversaciones con sus jefes, decidir si deben renunciar, interpretar conflictos o buscar consuelo despu&#233;s de perder el empleo.</span></p><p><span>La adopci&#243;n emocional de la IA tambi&#233;n habla de culturas laborales donde muchas personas no sienten que puedan mostrar vulnerabilidad, pedir ayuda o reconocer que est&#225;n sobrepasadas.</span></p><p><span>Puede hablar de organizaciones que ofrecen aplicaciones de bienestar, pero castigan la fragilidad. De equipos hiperconectados donde nadie tiene tiempo para escuchar.</span></p><p><span>Tal vez parte del &#233;xito de los chatbots como confidentes no se explique &#250;nicamente por lo avanzada que es la tecnolog&#237;a, sino por lo mal que estamos acompa&#241;&#225;ndonos.</span></p><p><strong><span>Tampoco idealicemos lo humano</span></strong></p><p><span>Ser&#237;a f&#225;cil concluir que la soluci&#243;n es dejar las m&#225;quinas y buscar siempre una gu&#237;a humana.</span></p><p><span>Pero tampoco debemos idealizar lo humano solo porque es humano.</span></p><p><span>La historia est&#225; llena de terapeutas, l&#237;deres, coaches, comunidades y gu&#237;as espirituales que han acompa&#241;ado con honestidad y generosidad.</span></p><p><span>Tambi&#233;n est&#225; llena de manipulaci&#243;n, abuso, explotaci&#243;n y sometimiento.</span></p><p><span>Cualquier gu&#237;a (humana o artificial) se vuelve peligrosa cuando nos pide entregar la voluntad, apagar nuestras preguntas, aislarnos de los dem&#225;s o creer que solo esa voz posee la verdad.</span></p><p><span>El problema no es &#250;nicamente qui&#233;n responde. Tambi&#233;n importa qu&#233; lugar le concedemos a esa respuesta.</span></p><p><strong><span>La pregunta que LinkedIn tambi&#233;n deber&#237;a hacerse</span></strong></p><p><span>Nos preocupa que la IA escriba nuestros posteos. Y deber&#237;a preocuparnos que terminemos publicando ideas que nunca pensamos o construyendo una identidad profesional completamente artificial.</span></p><p><span>Pero hay una pregunta todav&#237;a m&#225;s profunda:</span></p><p><span>&#191;Qu&#233; pasa cuando la IA no solo escribe nuestras palabras, sino que empieza a participar en la manera en que interpretamos nuestras heridas, nuestras relaciones y nuestras decisiones?</span></p><p><span>La inteligencia artificial puede tener un lugar leg&#237;timo en nuestra vida emocional.</span></p><p><span>Puede ofrecernos una primera orientaci&#243;n. Puede impulsarnos a pedir ayuda.</span></p><p><span>Pero no deber&#237;a convertirse silenciosamente en terapeuta, amigo, juez, confesor y or&#225;culo. No deber&#237;a reemplazar el v&#237;nculo, la comunidad, la responsabilidad o el contacto con la realidad compartida.</span></p><p><span>Y, sobre todo, no deber&#237;a pedirnos aquello que ninguna tecnolog&#237;a ni ninguna persona deber&#237;a exigirnos:</span></p><p><span>Nuestra voluntad.</span></p><p><span>Nuestra libertad.</span></p><p><span>Nuestra dignidad.</span></p><p><span>Tal vez la pregunta m&#225;s importante no sea si la inteligencia artificial puede acompa&#241;ar nuestro dolor.</span></p><p><span>Tal vez la pregunta sea si nosotros todav&#237;a estamos dispuestos a acompa&#241;arnos unos a otros.</span></p><p><span>Si te interes&#243; este tema te invito a escuchar el podcast completo de Las preguntas que nos debemos</span></p><div id="youtube2-kfvJrEdoWmk" class="youtube-wrap" data-attrs="{&quot;videoId&quot;:&quot;kfvJrEdoWmk&quot;,&quot;startTime&quot;:null,&quot;endTime&quot;:null}" data-component-name="Youtube2ToDOM"><div class="youtube-inner"><iframe src="https://www.youtube-nocookie.com/embed/kfvJrEdoWmk?rel=0&amp;autoplay=0&amp;showinfo=0&amp;enablejsapi=0" frameborder="0" loading="lazy" gesture="media" allow="autoplay; fullscreen" allowautoplay="true" allowfullscreen="true" width="728" height="409"></iframe></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La era del nihilismo informativo: ]]></title><description><![CDATA[Cuando ya no creemos en nadie&#8230; y tampoco nos importa]]></description><link>https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/la-era-del-nihilismo-informativo</link><guid isPermaLink="false">https://preguntasquenosdebemos.substack.com/p/la-era-del-nihilismo-informativo</guid><dc:creator><![CDATA[Carlos Alfonso Valle Cabello]]></dc:creator><pubDate>Thu, 25 Jun 2026 19:13:53 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/0fab7afa-1622-4cd8-925d-6685459643c2_1672x941.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Durante a&#241;os hemos hablado de una crisis de confianza en los medios.</p><p>Y s&#237;, esa crisis existe y ha sido documentada ampliamente.</p><p>Pero quiz&#225; el nuevo fen&#243;meno que empieza a revelarse es m&#225;s delicado: la crisis de confianza est&#225; mutando en una crisis de indiferencia.</p><p>El Digital News Report 2026 del Instituto Reuters muestra una paradoja inquietante: cada vez m&#225;s personas se informan a trav&#233;s de redes sociales, plataformas de video, creadores de contenido y, poco a poco, herramientas de inteligencia artificial. Pero eso no significa que conf&#237;en plenamente en esos espacios.</p><p>Ah&#237; est&#225; el punto.</p><p>La gente no necesariamente conf&#237;a en las redes sociales, pero sigue consumi&#233;ndolas.</p><p>No necesariamente conf&#237;a en los influencers, pero los sigue viendo.</p><p>No necesariamente conf&#237;a en la inteligencia artificial, pero cada vez m&#225;s personas empiezan a preguntarle cosas.</p><p>Y mientras tanto, los medios tradicionales parecen pagar un costo m&#225;s alto por la desconfianza.</p><p>Antes pens&#225;bamos que la confianza perdida por los medios hab&#237;a sido ganada por las redes. Pero aparentemente no fue as&#237;.</p><p>La confianza no se traslad&#243;.</p><p>Quiz&#225; simplemente dej&#243; de ser condici&#243;n indispensable para consumir informaci&#243;n.</p><p>Eso cambia por completo la discusi&#243;n.</p><p>Porque el problema ya no ser&#237;a solamente que la gente desconf&#237;a de los medios. El problema m&#225;s profundo podr&#237;a ser que muchos medios dejaron de ser relevantes en la vida cotidiana de las personas.</p><p>La confianza importa, pero hoy muchas veces gana lo que llega m&#225;s r&#225;pido, lo que se entiende m&#225;s f&#225;cil, lo que entretiene, lo que acompa&#241;a, lo que se parece m&#225;s al lenguaje de la audiencia o lo que exige menos esfuerzo.</p><p>Y ah&#237; aparece algo parecido a un nihilismo informativo.</p><p>Una sensaci&#243;n de fondo que dice:</p><p>&#8220;Todos mienten, todos manipulan, todos tienen agenda. Entonces da igual&#8221;.</p><p>Pero no da igual.</p><p>Porque cuando todo parece igual de sospechoso, se vuelve m&#225;s dif&#237;cil distinguir entre quien se equivoca y quien miente; entre quien investiga y quien inventa; entre quien intenta explicar y quien s&#243;lo quiere manipular.</p><p>Ese es el riesgo: que la desconfianza, en lugar de volvernos m&#225;s cr&#237;ticos, nos vuelva m&#225;s c&#237;nicos. M&#225;s indiferentes. M&#225;s resignados.</p><p>Y una sociedad c&#237;nica no necesariamente es una sociedad m&#225;s libre. A veces puede convertirse en una sociedad m&#225;s f&#225;cil de manipular.</p><p>Entonces&#8230; qu&#233; pasa cuando dejamos de esperar algo mejor de quienes nos explican el mundo. Qu&#233; pasa cuando nos acostumbramos a informarnos en lugares que no terminamos de creer.</p><p>Qu&#233; pasa cuando la informaci&#243;n se vuelve una mezcla de entretenimiento, cansancio, sospecha, algoritmo y h&#225;bito.</p><p>Y qu&#233; pasa cuando los medios siguen pidiendo confianza, pero no siempre logran ofrecer relevancia.</p><p>Porque no basta con decir: &#8220;somos necesarios para la democracia&#8221;. Peor hay que demostrarlo todos los d&#237;as.</p><p>La confianza se construye.</p><p>La atenci&#243;n se gana.</p><p>Y la relevancia se demuestra.</p><p>Tal vez lo m&#225;s delicado no ser&#237;a que hayamos perdido por completo la confianza. La tragedia ser&#237;a que ya no nos importe recuperarla.</p><p>Este fue el tema del cap&#237;tulo 12 del podcast Las preguntas que nos debemos, lo puede escuchar completo aqu&#237;:</p><div id="youtube2-jLvx69-c_nM" class="youtube-wrap" data-attrs="{&quot;videoId&quot;:&quot;jLvx69-c_nM&quot;,&quot;startTime&quot;:null,&quot;endTime&quot;:null}" data-component-name="Youtube2ToDOM"><div class="youtube-inner"><iframe src="https://www.youtube-nocookie.com/embed/jLvx69-c_nM?rel=0&amp;autoplay=0&amp;showinfo=0&amp;enablejsapi=0" frameborder="0" loading="lazy" gesture="media" allow="autoplay; fullscreen" allowautoplay="true" allowfullscreen="true" width="728" height="409"></iframe></div></div><iframe class="spotify-wrap podcast" data-attrs="{&quot;image&quot;:&quot;https://i.scdn.co/image/ab6765630000ba8a165b3ef76fccb5ad7043750f&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&#191;Los medios dejaron de ser relevantes?&quot;,&quot;subtitle&quot;:&quot;Carlos Valle Cabello&quot;,&quot;description&quot;:&quot;Episode&quot;,&quot;url&quot;:&quot;https://open.spotify.com/episode/2MPqVe2Aqy7LNkqYebQdc3&quot;,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;noScroll&quot;:false}" src="https://open.spotify.com/embed/episode/2MPqVe2Aqy7LNkqYebQdc3" frameborder="0" gesture="media" allowfullscreen="true" allow="encrypted-media" loading="lazy" data-component-name="Spotify2ToDOM"></iframe>]]></content:encoded></item></channel></rss>